EN EVIDENCIA

viernes, 22 de junio de 2012

¡Yo soy un disidente más!

<Por eso decidí sumarme virtualmente a esa ‘masa informe’; por eso puedo gritar con honor, sabiendo que esta vez se me respetará: “Yo discrepo. Yo critico ¡Yo soy un disidente más!”> Logo de Blogazo X Cuba
Por Vincenzo Basile (Capítulo Cubano)

En Cuba hay disidencia. Por lo que he podido aprender durante mis permanencias en Isla, cada ciudadano es dos veces disidente; disidente por dos razones fundamentales. En primer lugar, los cubanos, como tales, son inquietos e inconformes, eternamente insatisfechos y perennemente descontentos. El cubano tiene que quejarse, es su índole, le puedes amar o le puedes odiar, pero es así. Es su naturaleza, quizá por desgracia, quizá por suerte, quizá por ser la mezcla perfecta.
En segundo lugar, el cubano es revolucionario (en un sentido amplio y lleno de la palabra) y revolución es un sinónimo de gana de cambio. El revolucionario habla, critica, discrepa. El revolucionario, el verdadero revolucionario, es por lo tanto un eterno disidente. Nunca se conforma; siempre tiene que encontrar algo que decir, algo que corregir en lo que le rodea. Es por eso que el cubano es dos veces disidente.

En ese sentido, era disidente el padre de mi amiga cubana, que me hospedó durante mi primer viaje a Cuba, cuando me dijo: “muchacho, aquí las cosas están del carajo”.
Eran disidentes mis amigos en La Habana que se quejaban con vehemencia cuando algo no iba según sus planes (una guagua con retraso, una cola en una tienda). La exclamación fue la misma durante un mes: “¡Esto está de madre!”.
Así mismo es mi amiga Mildred, en cuyo blog, La Disidente, recientemente censurado, escribía: “desde mi óptica revolucionaria, voy a discrepar...Quiero discrepar porque soy una disidente distinta”.

Son seguramente disidentes los blogueros de La Joven Cuba, quienes -hace dos meses- organizaron una magnifica cita de los Blogueros Cubanos en Revolución, un encuentro de blogueros y blogueros de la Isla que discutieron problemas de todo tipo que afectan a los internautas cubanos; la escasez de tecnologías informáticas, el silencio del Gobierno y de la prensa cubana sobre el estado del cable de fibra óptica desde Venezuela, la diversidad de opiniones de las distintas individualidades que integran la nación cubana, entre otros, y que concluyó con esa declaración: Con un espíritu de integración basado siempre en el respeto a las diferencias e individualidades de cada participante, logramos complementarnos sin caer en facilismos, dogmas o esquemas preconcebidos. Nuestra mayor fortaleza es nuestra diversidad de miradas e intereses; somos un país”.

Esta es, sin duda alguna, la Cuba disidente, la Cuba más inconforme que se puede encontrar. Los que a mi me gusta llamar disidentes por Revolución, es decir, disidentes que quieren modificar, cambiar, aportar, mejorar, construir.

Pero, desafortunadamente, existe otro tipo de ‘disidencia’, la que representa a un porcentaje inferior al 1% de la población cubana y que, por su misma admisión, es destructora.

Es destructora la cubano-americana Gloria Estefan, un símbolo de la disidencia cubana y del ‘anticastrismo’, quien -en muchas de sus canciones- sueña con una Cuba libre y con regresar a su tierra adorada, la Cuba hermosa que dejó desde niña. Es decir, la Cuba tiránica de Batista, cuya esposa tenía como guardaespalda personal al padre de la misma cantante y que, temiendo ser juzgado junto a los otros verdugos de la tiranía, huyó a Miami.

Destructoras son, por ejemplo, las Damas de Blanco, cuyo improbable pensamiento político se sintetiza perfectamente en las palabras de su líder, la fallecida Laura Pollán, quién -al saber que el golpista y genocida hondureño Micheletti las apoyaba- declaró: “Bueno me parece de verdad algo realmente muy emocionante, ver como un hombre que fue capaz de sostener ese poder allí en Honduras, realmente es muy emocionante saber que él nos apoya, saber que él pide todos los días a Dios porque en Cuba se restablezca la democracia, porque no haya muertos, porque a Cuba llegue la paz, la felicidad, realmente me siento muy emocionada”.

Es destructora Yoani Sánchez, quien -en 2010- contestando al investigador francés Salim Lamrani acerca de los logros de la Revolución, declaró: “pero en 1959, aunque Cuba vivía en condiciones difíciles, la situación no era tan mala. Había una vida intelectual floreciente, un pensamiento político vivo. En realidad, la mayoría de los supuestos logros actuales que se presentan como resultados del sistema eran inherentes a nuestra idiosincrasia. Esos logros existían antes”.
La bloguera es destructora porque acaba de presenciar a un ‘Festivalclic’ y, hablando de libertades informáticas, se ha olvidado de recordar públicamente que hace unos días Google, aplicando la ley del bloqueo, impidió el acceso al servicio GoogleAnalytics a los internautas cubanos. 

Eran obviamente destructores los llamados 'expresos políticos de la primavera negra', quienes buscaban libetad y ahora se encuentran en España, desamparados y abandonados a sí mismos, y han vuelto a convertirse en disidentes

Ejemplos conocidos. Claramente hay muchos otros, y entre esos muchos criminales. Pero, repito, se trata de una ínfima y aislada parte de una magnifica sociedad civil cubana que marcha hacia el futuro. Pero, parece que a la prensa internacional y -consiguientemente- a la opinión pública mundial de masa (susceptible a las influencias mediáticas) todo eso no importa. Ellos han establecido que estas personas deben ser los verdaderos disidentes cubanos, los que quieren destruir el sistema cubano. Todos los otros, la inmensa mayoría de la población cubana, es una masa informe, pasiva y apática, que no puede (y no debe) aceptar de vivir en un mundo alternativo que, por fin, podría representar (y de hecho representa) un ejemplo para “todos los hombres y mujeres honrados del mundo”.

Yo, personalmente, soy un constructor, soy crítico, soy revolucionario. Digo con voz alta que Cuba necesita cambios, sobre todo económicos y políticos, para mejorar su situación material y perfeccionar aun más su democracia. Digo que la prensa cubana debe despertar de este sueño apático, debe ser dinámica, curiosa y molestadora. Quiero saber por qué hay, y hasta cuando habrá, dos monedas; cuando se hará una verdadera reforma migratoria. Quiero que se siga luchando para eliminar definitivamente la corrupción. Quiero saber donde está el cable de fibra óptica y, en el caso, quiero conocer al tiburón hambriento que se lo comió.

No soy un dogmatico, nunca lo he sido y nunca lo seré. En pasado ha ocurrido que alguien -supuestamente revolucionario pero por supuesto no cubano- desde su presumida óptica extranjera me ha dicho que Cuba es perfecta, que es la sociedad más avanzada y que el cubano vive bien y que el que se queja, si no le gusta, que se vaya a vivir a Miami, y yo he discrepado y hasta he tenido que aceptar calificativos como ‘revisionista burgués’ o ‘derrotista’. Por fin, decidí alejarme de esas tristes y dañosas personas (que se definen ‘amigas de Cuba’), quedarme yo solo y acercarme a la disidencia cubana; por eso decidí sumarme virtualmente a esa ‘masa informe’; por eso puedo gritar con honor, sabiendo que esta vez se me respetará: “Yo discrepo. Yo critico ¡Yo soy un disidente más!”


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